viernes, 18 de septiembre de 2009

ENFOQUE MARXISTA SOBRE EL DESARROLLO (III PARTE)

6.- Marxismo y Neo-Marxismo. 6.1. El movimiento neomarxista. 6.2. Paul Baran y el surgimiento del neomarxismo. 6.3. Diferencias entre marxismo y neomarxismo. 7.- Reflexiones Finales. 8.- Bibliografía.

6. Marxismo y Neo-Marxismo


Como se ha visto, el marxismo se presenta como una interpretación completa de la vida humana, y no sólo de la vida humana sino también de la naturaleza. Ofrece una versión histórica del hombre, basando su enseñanza en la premisa de que una explicación completa y final de las cosas es imposible, mediante la utilización de la lógica dialéctica, salvo como relato de transitoriedad o del infinito fluir de las cosas. La descripción definitiva del presente, Marx la representa en su análisis crítico sobre el capitalismo. La versión del pasado y del futuro, o de la evolución social, se encuentra en el materialismo histórico y la relación de la historia con un cierto concepto metafísico .

En sí, la filosofía política de Marx consiste en su enseñanza sobre economía y sobre historia y metafísica: sobre la sociedad actual y sobre el devenir y desaparecer de todas las sociedades, incluso la actual.

En el Siglo XX surgió una corriente que retoma los ensayos de Marx bajo premisas antropológicas y humanistas contrariamente a los análisis propios de la economía objetiva; a este movimiento filosófico se le ha llamado neomarxismo.

6.1. El Movimiento Neomarxista
El neomarxismo no es más que una designación cronológica, pero responde a ciertas determinaciones lógicas: El movimiento de renovación del marxismo que ha tenido lugar a mediados del Siglo XX, cuyos máximos exponentes se encuentran en la Escuela Crítica de Frankfurt, expuesta por Marcuse, Horkeimer, Habermars, Adorno, entre otros.

Este movimiento surge en Europa Central con la intención de proponer una interpretación de la obra marxista, no condicionada a los dictados del aparto oficial soviético o afianzado a los dogmas del socialismo científico.

El neomarxismo implica un intento de vuelta a Marx, para darle una interpretación diversa de la oficial. Frente a la línea dogmática se invoca el núcleo de la doctrina, tratando de depurar al sistema aquellas partes que según estos filósofos no eran esenciales, sino que corresponden a las condiciones de la época en que fueron formuladas; pero subrayan otras que según ellos quedaron en segundo plano en la interpretación dogmática de Marx, entre ellas la dialéctica.

Los neomarxistas enfocan su interés en las obras escritas durante la juventud de Marx, se insiste en sus Manuscritos Económicos Filosóficos. Con la vuelta al Marx joven se coloca en primer plano los intereses antropológicos bajo forma de una filosofía humanista, transformando así la dogmática marxista. Las nociones de codificación, alineación, subjetividad, persona, tienen así un gran relieve en la polémica entre las corrientes del marxismo.

La versión dogmática para los neomarxistas tiende al totalitarismo. Y éste se opone a la realización total del hombre, ya que vacía a los sujetos de su interioridad, su conciencia y motivos personales; instrumentalizándoles al servicio ciego de una causa. Se debe buscar la autocreación del hombre mediante la praxis. De esta forma la discusión se centra sobre las relaciones entre la infraestructura socioeconómica y las superestructuras estatales.

En dos esferas incide fundamentalmente este apartado de lo superestructural: En la del arte y en la de la moral. La cuestión referente al arte significa una toma de posiciones respecto al realismo socialista. Entroniza como estética oficial del marxismo desde 1934, implica entender el arte como reflejo de los cambios históricos hechos conciencia en la jerarquía inspirada en el partido.

El neomarxismo se caracteriza pues por acentuar los aspectos éticos dándoles un tono libertario y manifestando que es la explicación adecuada de las ideas de Marx. Su posición consiste en afirmar que por debajo de las ideas económicas de éste, hay un manejo ético, un fundamento humanista, que es lo que le da su fuerza radical. En otras palabras, el marxismo dogmático acentúa el momento económico y científico; mientras que el Neomarxismo proclama, en cambio, la filosofía, la ética y el hombre frente a la economía y la ciencia.

6.2. Paul Baran y el surgimiento del neomarxismo
Paul Baran hizo aportes sustanciales en el Siglo XX para el surgimiento de la “nueva izquierda” llamada por otros “neomarxismo”. Su obra cumbre The Politic Economy of Growth de 1957 fue importante.

Para Baran, el capitalismo había sido producto del feudalismo, que en su etapa final de disolución se caracterizaba por una creciente producción agrícola, por una división del trabajo más extensa y por la acumulación de capital. Todos estos procesos eran requisitos previos para el surgimiento del capitalismo. Europa occidental había iniciado ese desarrollo debido a su ventajosa posición geográfica y a su falta de recursos naturales, condiciones que estimularon el comercio, los embarques y el pillaje.

El saqueo colonial, constituyó para Baran, la significativa contribución para el excedente económico de los países industrializados, para la inversión y crecimiento económico de éstos. Por consiguiente, el excedente económico de las colonias disminuyó, su acumulación de capital se detuvo y sus nacientes industrias fueron aniquiladas por la competencia. El desarrollo de las colonias fue desviado de su curso natural y quedó completamente dominado por los intereses imperialistas. Con esto, los países del Tercer Mundo se estancaron en su etapa evolutiva del feudalismo al capitalismo y fueron víctimas de las cosas negativas de ambos sistemas.

La anterior versión de la difusión del capitalismo difería en buena parte de lo expuesto por Marx. Baran abandonó la idea de que el capitalismo se difundía desde el “centro” a la “periferia”, en lugar de ello, introdujo la idea de que el subdesarrollo era un proceso activo que seguía al desarrollo en el centro.

Las ideas de Baran fueron utilizadas por Gunder Frank en sus conclusiones acerca del “desarrollo del subdesarrollo”. Bajo esta arista, no se evidenciaban tendencias de desarrollo capitalista que minaran la estructura social feudal; el capitalismo se constituyó de facto en los países coloniales. Para éstos la burguesía, en especial la Latinoamericana, era parasitaria y nunca cumpliría su misión histórica de liberar a las fuerzas productivas.

Los neomarxistas coincidían con la inmediata actividad revolucionaria basada en tácticas guerrilleras, en lugar de la “estrategia de dos etapas” al comunismo. Aquí la influencia de Ernesto Guevara para Latinoamérica fue vital.

El neomarxismo fue entonces la expresión académica de aquello que, a nivel de la praxis política, defendía la lucha de guerrillas. En este sentido aparece un artículo característico de la época por los editores de Monthly Review (1963), Paul Sweezy y Leo Huberman, quienes después por un viaje a Latinoamérica describen:

“La única revolución posible hoy día en América Latina es una revolución socialista.
La noción de que existe una poderosa burguesía nacional en estos países, ansiosa por romper con la dominación de Estados Unidos… es desafortunadamente un mito.
No puede haber ninguna duda de que América Latina necesita y está madura para una revolución socialista, no en un futuro distante, sino ahora mismo.
No encontramos a un solo izquierdista serio en América Latina que no fuese un ardiente defensor de la Revolución cubana … Sólo hay una cosa que los asusta y ésta es la medida en que, al resistir Cuba a Estados Unidos, pueda haber caído bajo el dominio de la Unión Soviética”.

6.3. Diferencias entre marxistas y neomarxistas
Foster-Carter ha establecido algunos puntos que hacen divergentes estas dos tradiciones, siendo éstos:
a.- El marxismo ve en el imperialismo una perspectiva “central”, esto es como una etapa en el desarrollo del capitalismo o capitalismo monopólico; por su parte, el neomarxismo ve el imperialismo desde la periferia, o sea desde el punto de vista de la víctima, lo cual a su vez implica que los intereses han cambiado a partir del desarrollo hacia el subdesarrollo.

Los líderes de los países llamados en otrora del Tercer Mundo inspirados por el marxismo, como Mao Zedog o Amílcar Cabral, con frecuencia han tenido un aspecto nacionalista que siempre ha sido más aceptado por los neomarxistas que por los marxistas ortodoxos.

b.- El análisis de lucha de clases, los marxistas la enfocan en las experiencias europeas, en tanto que los neomarxistas parten de la lucha revolucionaria emprendida en los países del Tercer Mundo. Los primeros ven como clase revolucionaria al proletariado industrial, los últimos, consideran que el papel activo lo ha desempeñado el campesinado, ya que, en el Tercer Mundo, los obreros industriales forman una “aristocracia del trabajo”.

c.- Los marxistas creen en la existencia o eventual surgimiento de una burguesía nacional en los países en desarrollo, los neomarxistas, por su parte, ven a la burguesía como creación y herramienta del imperialismo y, como tal, la juzgan incapaz de liberar a las fuerzas de la producción.

d.- Los neomarxistas consideran la posibilidad de emprenderse la revolución aún a costa de que las condiciones fuesen desfavorables, en ese contexto, la guerra de guerrillas suscitó una herramienta necesaria utilizada por los países de América Latina, Asia y África. El marxismo insiste en el trabajo del partido organizativo, en particular entre los obreros.

e.- Los neomarxistas hacen hincapié en aspectos subjetivos, propios de una antropología humanista, exaltada mediante el estímulo moral del “hombre nuevo”. Los marxistas defienden el materialismo y hacen énfasis sobre las condiciones objetivas del cambio, que dieron a Marx su distintivo de científico social.

f.- El marxismo muestra optimismo ante las teorías desarrolllistas del siglo XIX, exaltando una fe ciega en la industrialización como liberadora de la humanidad; los neomarxistas apuntan más a las demandas crecientes de una conciencia ecológica frente a las teorías desarrollistas, se tiende al concepto que las ciudades son parasitarias y se idealiza la vida del campo, contrariamente a lo expuesto por Marx, quien comentaba sobre “la idiotez de la vida rural”.

7. REFLEXIONES FINALES

El marxismo ha constituido una doctrina basta para comprender las dinámicas y fenómenos económico-sociales que devienen del desarrollo capitalista. Sin embargo, su meta relato, el comunismo, quedo relegado en la praxis como una utopía más.

Lo rescatable de las tesis marxistas es la de haber encontrado en la lógica dialéctica y el materialsimo histórico, las herramientas esenciales para comprender el progreso o desarrollo evolutivo de las sociedades.

Su tesis de liberación de las fuerzas productivas, no fue llevada en concreto por la propia burguesía, sino que por el contrario, fue la clase media intelectual y los trabajadores, en especial los del campo, quienes incitaron una lucha revolucionaria por la socialización de los medios de producción.

La tesis marxista del desarrollo estriba en que al preceder el feudalismo al capitalismo, y éste al socialismo y al comunismo, con el fin de alcanzar un estado de socialismo, todas las sociedades debían pasar por las diversas etapas del desarrollo capitalista. Marx dudaba que las sociedades menos desarrolladas fueran capaces de lograr el desarrollo por sí mismas. Esos países o sociedades, Marx las consideraba primitivas e incapaces de lograr un proceso de desarrollo propio.

Sin embargo, el enfoque ortodoxo en América Latina no fue prevaleciente. En esta parte del Hemisferio, al igual que en algunos países de África y Asia, los marxistas (no ortodoxos) no esperaron el tan anhelado desarrollo y auge capitalista. Vieron en la Revolución bolchevique rusa y en la Revolución cubana los mejores ejemplos para la liberación anticipada de la sociedad frente a lo que consideraron la expoliación capitalista por parte de la burguesía nacional y el capital extranjero. Lenin mismo había advertido de la necesidad de las luchas independentistas frente a los poderes coloniales en los llamados países subdesarrollados.

El marxismo fue llevado a perspectivas nacionalistas, sobre todo, a partir de la influencia y revolución maoísta en China. Ernesto Guevara fue un idealista que criticó el acercamiento de la revolución cubana a la Unión Soviética y ese nacionalismo inspiró también a grupos guerrilleros en el continente americano (en Perú a través del Movimiento Guevarista Tupac Amarú, algunos frentes de esta línea en Guatemala y el maoísta de Sendero Luminoso también en Perú).

Las corrientes no marxistas en América Latina se acogieron a las doctrinas de la Teoría de la Dependencia, percibida como modelo alternativo frente al conflicto este-oeste. Los aportes de los economistas de la CEPAL, Raúl Prébish y Fernando Cardoso se orientaron por una estrategia nueva de desarrollo, planteada desde la lógica de la sustitución de importaciones, etapa que se agotó ante la crisis económica del petróleo a finales de los años `70, en donde se marca el inicio del modelo de economía libre de mercado.

Las posiciones más renovadas de izquierda, entre los que se encuentran Dos Santos y Gunder Frank, hacen crítica de los modelos convencionales de desarrollo y plantean básicamente que el subdesarrollo es una condición creada por la ruptura en la continuidad de las etapas del feudalismo al capitalismo, en razón de la invasión colonial por los países industrializados hacia los considerados subdesarrollados; la dicotomía no es centro-periferia, Baran en seguimiento a los anteriores, abandonó la idea de que el capitalismo se difundía desde el “centro” a la “periferia”, en lugar de ello, introdujo la idea de que el subdesarrollo era un proceso activo que seguía al desarrollo en el centro.

Actualmente, desde la arista de la academia, el neomarxismo ha dado una interpretación novedosa a su corriente primigenia. Ha hecho una modificación del determinismo económico marxista por otra visión humanista, en donde se enfatiza en la crisis de valores de las sociedades post-industrializadas, se hace crítica a la economía del mundo global, la estética, el fetichismo y el culto a las grandes ciudades, que constituyen en esencia los fenómenos que deben ser revolucionados.

8. BILIOGRAFÍA
Cardoso, Fernando.
“La originalidad de una copia”. Centro de Estudios Latinoamericanos, Universidad de Cambridge, 1977.

Dos Santos, Theotonio.
“La crisis de la teoría del desarrollo y las relaciones de dependencia en América Latina”. Boletín de CESO, 3, Santiago de Chile, 1968

Gide y Rist.
“Historia de las Doctrinas Económicas”. 3ª. Edición. Editorial Reus, Madrid, s.a.

Leo Strauss y Joseph Cropsey.
“Historía de la Filosofía Política”. Fondo de Cultura Económica. México, 1996.

Lenin.
El Desarrollo Capitalista en Rusia. Progress Publishers, Moscú, 1956.

Magnus Blomström y Björn Hettne.
“La Teoría del Desarrollo Económico en Transición”. 1ª. Edición en Español. Fondo de Cultura Económica, México, 1990.

Marx – Engels.
“La Ideología Alemana. El Manifiesto Comunista. El Papel del Trabajo en la Transformaicón del Mono en Hombre”. Editorial Andreus Ltda.. Colombia, 1979.

_____________. “Sobre el colonialismo”. Progress Publishers, Moscú, 1960.

Palma, G.
“Dependencia”. En: Desarrollo Mundial, Vol. 6, núm. 7-8

Sabine, George.
“Historia de la Teoría Política”. Fondo de Cultura Económica. México, D.F. 1994.

ENFOQUE MARXISTA SOBRE EL DESARROLLO (II PARTE)

3.- Ortodoxia marxista y los aportes leninistas a la teoría revolucionaria. 4.- Latinoamérica: Praxis revolucionaria o marxismo puro. 4.1. El marxismo en Latinoamérica. 4.2. La izquierda revolucionaria. 5.- Aplicación marxista desde la perspectiva de la Teoría de la Dependencia. 5.1. Theotonio Dos Santos. 5.2. Ander Gunder Frank.

3. Ortodoxia marxista y los aportes leninistas a la teoría revolucionaria
Los marxistas plantean la naturaleza inevitable y progresiva del capitalismo. Lenin al respecto escribe lo siguiente: “El papel histórico progresista del capitalismo puede resumirse en dos breves proposiciones: incremento en las fuerzas productivas del trabajo social y la socialización de dicho trabajo. Pero estos hechos se manifiestan en procesos extremadamente diversos, en diferentes ramas de la economía nacional” .

La dogmática marxista plantea la necesidad del desarrollo máximo del capitalismo, agotar todas sus etapas, eliminar los rasgos pre-capitalistas de las sociedades en desarrollo; pues tal sistema generará sus propias contradicciones y hará necesario la socialización de los medios de producción para revolucionar las fuerzas productivas y el trabajo. Avanzar hacia una sociedad más industrializada y con mayor bienestar, donde el Estado sería el gendarme de tales fines. Sólo el Estado socialista sentaría las bases para eliminar las clases sociales y la propiedad en pro del comunismo.

Lenin describió en forma concreta el desarrollo de Rusia en la última parte del Siglo XIX, la cual indica una conciencia de que el desarrollo capitalista en las regiones menos desarrolladas es más complejo de lo que sugiere el análisis de Marx. Para Lenin había que anticiparse a la esperada revolución social. El auge capitalista podría tardar muchos años o décadas.

De lo anterior, surgieron posturas divergentes. La de los mencheviques que planteaban la pureza marxista, es decir, el desarrollo capitalista ruso para continuar con la etapa subsiguiente socialista; y los bolcheviques, que bajo el liderazgo de Lenin, deseaban la precipitación de la revolución.

Lenin proporcionó un análisis más elaborado de la compleja interacción entre una región desarrollada y otra menos desarrollada. El desarrollo capitalista no era requisito sine qua non para alcanzar el socialismo. Asimismo, evidenció que la antigua sociedad agraria rusa contenía un sistema construido sobre la propiedad común, y que ese sistema podría constituir la base del futuro socialismo ruso.

Contrario a lo afirmado por los Narodniks, para quienes el desarrollo capitalista en Rusia no era posible; Lenin no sólo establecía que era posible sino que indicaba que ya se había desarrollado. El nivel de desarrollo de los rusos, como resultado de una lógica imperial expuesta por los zares, era en realidad un tanto menor que el avance de los países capitalistas; es decir, el capitalismo venía en progreso.

A pesar de lo dicho por Lenin, existían bastas estructuras tradicionales o precapitalistas en Rusia. Para Palma , el desarrollo capitalista llegaría a ser en Rusia, consecuencia de un tipo de “repetición en cámara lenta” del desarrollo de Europa occidental.

Los primeros teóricos marxistas que abordaron el tema del imperialismo no cuestionaron la idea de Marx sobre el papel progresista desempeñado por el capitalismo en los países menos desarrollados, pero sí cuestionaban su análisis de la interacción entre los países más y menos desarrollados. Marx ignoró la importancia de la independencia política, no había pensado en la forma en que el colonialismo afectaba el desarrollo industrial en los países menos desarrollados, sobreestimaba así, la posibilidad que el capitalismo se introdujera mediante el colonialismo.

Lenin, quien puede ser considerado de los primeros teóricos del imperialismo, no encontró posible que la exportación de capital a los países menos desarrollados condujera de manera automática al desarrollo capitalista.

En el Congreso del Comintern en 1920, Lenin –citado por Cardoso- manifiesta:

“Los progresivos efectos del capitalismo, por el contrario, no se percibe allí (en las colonias), a pesar de la penetración del capital extranjero. Cuando el poder imperialista dominante necesita apoyo social en las colonias, une sus fuerzas, primero y sobre todo, a las clases dirigentes del antiguo sistema precapitalista –el tipo de señor feudal, la burguesía comercial y financiera- contra las masas” .

Para Lenin entonces, el obstáculo para el desarrollo capitalista en los países menos desarrollados debe buscarse en los lazos coloniales. Él creía que el capitalismo sería progresivo en los países menos desarrollados, una vez que éstos hubieran llegado a ser políticamente independientes.

4. Latinoamérica: Praxis revolucionaria o marxismo puro

4.1. El marxismo en Latinoamérica

Sería equívoco aplicar las tesis marxistas propias del capitalismo europeo del Siglo XIX a los problemas de los llamados países en vías de desarrollo. Sería también absurdo culpar a Marx por la falta de apreciaciones al respecto.

El marxismo en muchos casos fue tratado de forma mecánica en cuanto a su aplicación a las realidades del subdesarrollo. El marxismo fue introducido en América Latina más como una ideología que como una teoría; fue más pragmático su uso que su abordaje teorético o dogmático como en la Europa occidental.

Marx y Engels indicaron que el futuro del país atrasado se refleja en aquello que ha llegado a ser el país más desarrollado, mediante la rápida mejoría de los instrumentos de producción y las muy mejoradas comunicaciones, la burguesía obliga a las naciones, incluyendo las bárbaras, a entrar en lo denominado para entonces “civilización”.

Las ideas de Marx acerca de los problemas del subdesarrollo no diferían significativamente de las que prevalecían en el evolucionismo del siglo XIX. En cuanto al evolucionismo que planteaba sobre el desarrollo capitalista, sus extensos escritos intentan analizar el problema de forma muy diversificada. Se puede mencionar aquí con cabalidad el aceptado punto de vista de Lenin dentro de la naturaleza compleja y contradictoria del proceso capitalista de desarrollo.

El llamado Tercer Mundo descansaba pacífica y despreocupadamente, esperando que en Occidente los industrializados influyeran en ellos, sea mediante el auxilio o la fuerza. En uno de los pasajes de Marx relacionados con el mundo no europeo, prevé una revolución industrial en la India, como resultado inevitable de la construcción de los ferrocarriles ingleses:

“No se puede mantener una red de ferrocarriles sobre un territorio inmenso, sin introducir todos aquellos procesos industriales necesarios para satisfacer las necesidades inmediatas y corrientes de la locomoción ferroviaria, y a partir de la cual debe extenderse la aplicación de la maquinaria a aquellas áreas de la industria que no se vinculan de inmediato con los ferrocarriles. Por lo tanto, el sistema ferroviario se convertirá en la India, en el verdadero precursor de la industria moderna” .

En virtud de lo descrito, la escuela de la dependencia misma constituyó una reacción contra el marxismo esquemático, su debilidad analítica para los países en desarrollo y la ineficacia política del comunismo ortodoxo hizo que prevaleciera en el pensamiento económico intelectual e influyente la dependencia, aunque como se verá, existieron aportes radicales de la dicotomía centro-periferia, como los esbozados por Dos Santos, Frank y las tesis plasmadas en los cónclaves latinoamericanos anti-imperialistas.

4.2. La izquierda revolucionaria
Bajo el enfoque leninista, los países colonizados debían buscar su independencia, generar sus movimientos revolucionarios en contra del latifundismo, la burguesía nacional explotadora y el imperialismo. El marxismo tenía una fuerte carga nacionalista y no fue universalista como en Europa, que deviene de la lógica ¡proletarios del mundo uníos¡

El sexto Congreso del Comintern en 1928, fue el primero que se ocupó específicamente de los problemas de América Latina :

“En toda América Latina, los comunistas deben participar activamente en los movimientos revolucionarios de masas dirigidos contra el régimen de latifundio y contra el imperialismo, aun cuando estos movimientos estén todavía bajo el liderazgo de la pequeña burguesía. Sin embargo, al hacerlo así, los comunistas no pueden, bajo ninguna circunstancia, subordinarse políticamente a sus aliados temporales. Mientras se lucha por la hegemonía, durante los movimientos revolucionarios, los partidos comunistas deben luchar en primer lugar por la independencia política y la organización de sus partidos, asegurando su transformación en el partido conductor del proletariado”.

Un ejemplo claro de este marxismo nacionalista se dio con los aportes del peruano José Carlos Mariátegui, cuyos Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana, se han constituido en el intento más singular de comprender la problemática nacional latinoamericana bajo una perspectiva marxista.

Cuba constituye otro ejemplo del contraste entre la línea partidaria del comunismo ortodoxo y una estrategia revolucionaria más voluntarista. El Partido Comunista Cubano fue fundado a instancias del Comintern. Experimentó anteriormente un nacionalismo radical no marxista, bajo el pensamiento revolucionario de José Martí, relevante para la insurrección contra España en 1895. Por ello, muchos argumentan que Fidel Castro fue más influido por Martí que por Marx. Aunque el modelo cubano sigue un carácter sui generis al definirse como martiniano marxista por su misma Carta Magna.

Desde un punto de vista comunista convencional, la sociedad latinoamericana seguía siendo feudal; por ello, era prematuro iniciar una movilización del proletariado antes de que América Latina hubiera experimentado su propia revolución burguesa. La tarea histórica de ésta consistía en aplastar la alianza feudal-imperialista. Sólo entonces sería posible una revolución socialista. La Revolución cubana de 1959 desafío este punto de vista político. Aguilar expone:

“Señal de la situación de los partidos comunistas en este periodo y clave de los conflictos internos y externos que los abrumaban fue su escasa participación en los eventos más importantes de la época. El partido comunista no desempeñó ningún papel de importancia ni en Guatemala en 1944, ni en Bolivia en 1952, ni en ninguna otra de las convulsiones políticas en Venezuela, Argentina, Colombia o Perú”.

En América Latina, los campesinos estaban más inclinados en la lucha revolucionaria que los obreros y la guerrilla rural pareció ser una alternativa al trabajo organizado dentro del movimiento laboral. Guatemala no fue la excepción, la constitución del EGP y ORPA contaron con un gran respaldo campesino y el primero además con fuerte presencia de indígenas.

Los puntos de vista tradicionales marxistas no tuvieron mayor eco. Estos se aferraron y encasillaron en los Partidos Comunistas, pero comúnmente fueron rechazados por los movimientos de insurgencia armada. La razón política que evidenció esto fue la misma Revolución cubana.

Las ideas del Che Guevara sobre el papel de los campesinos en la revolución y la capacidad del ser humano de superar limitaciones objetivas es una reminiscencia de Mao Zedong, fue así como los marxistas latinoamericanos se dividieron aún más; hubo corrientes ideológicas por doquier, trotskistas, marxistas, leninistas, maoístas, guevaristas, otros. Después del conflicto chino-soviético las ideas maoístas proliferaron, su máxima expresión la constituyó la guerrilla del Sendero Luminoso en El Perú.

La nueva izquierda revolucionaria marxista no ortodoxa o dogmática nació y floreció en la mayoría de países latinoamericanos. Centroamérica fue un epicentro del conflicto este-oeste. Querían la revolución de forma inmediata, su expresión se notó en la Tricontinental y en la Conferencia de Solidaridad de América Latina, que tuvo lugar en La Habana, en agosto de 1967, su lema fue “El deber de un revolucionario es hacer la revolución”.

5. Aplicación marxista desde la perspectiva de la Teoría de la Dependencia
El enfoque de la dependencia se originó en el debate latinoamericano sobre los problemas de subdesarrollo, el cual fue una de las más valiosas contribuciones a la ciencia social moderna. Este enfoque constituyó una crítica eficaz al paradigma de la modernización, además, proporcionó un punto de vista alternativo, que funciona como catalizador de la teoría del desarrollo.

La escuela de la dependencia surgió de la convergencia de dos tendencias intelectuales : una llamada con frecuencia “neomarxista” y otras cuyas raíces se encuentran en la tradición de la CEPAL.

El concepto neomarxista refleja cierto dualismo en el pensamiento marxista, basado por una parte en un concepto tradicional o eurocéntrico y por otra, un enfoque reciente que se ocupa del subdesarrollo y los problemas del llamado en otrora Tercer Mundo.

Para los marxistas ortodoxos, el cuerpo principal de la tesis neomarxista no es del todo compatible con el marco clásico del marxismo.

En Latinoamérica se acentúo la discusión sobre el subdesarrollo, en particular luego de la depresión de los años treinta. Esta crisis económica tornó dramáticas las dimensiones de la dependencia latinoamericana; además, dio lugar al inicio de una investigación económica más sistemática y requirió una política de sustitución de importaciones, consolidada posteriormente como una estrategia de desarrollo. Los planteamientos de la CEPAL, que en esencia no son marxistas, fueron dirigidos por Raúl Prebish y Cardoso, entre otros, pero en esta investigación tomaremos en cuenta la perspectiva de dependencia desde las tendencias nuevas del marxismo o neomarxismo, cuyos máximos exponentes son el economista brasileño Theotonio Dos Santos y Ander Gunder Frank.

5.1. Theotonio Dos Santos
Dos Santos plantea que el concepto tradicional de desarrollo se resume en lo siguiente : i.- El Desarrollo significa avances hacia algunos objetivos generales bien definidos, los cuales corresponden a la condición específica del hombre y la sociedad que se encuentra en las sociedades más avanzadas del mundo moderno; ii.- Los países en desarrollo avanzaran eliminando obstáculos sociales, políticos, culturales e institucionales; iii.- Permitir la movilización más racional de los recursos y éstos pueden ser jerarquizados para uso de planeadores económicos; iv.- Coordinar algunas fuerzas sociales y políticas para apoyar una política de desarrollo y diseñar una base ideológica que organice la voluntad de diversas naciones en las tareas de desarrollo.

Una vez considerada la teoría convencional de desarrollo como indefendible, se pueden apreciar los planteamientos de Dos Santos, que se orientan a una teoría del desarrollo más sólida :

a.- La teoría del desarrollo debe analizar el proceso de desarrollo en sus diversas manifestaciones históricas y concretas;
b.- Mediante el análisis histórico, esta teoría debe extraer las leyes generales del desarrollo, a partir de las sociedades elegidas para investigación;
c.- Al formular estas leyes, la teoría del desarrollo debe tomar en cuenta las contradicciones internacionales del proceso, abandonando cualquier intento formal por reducirlo a una transición unilineal de un tipo de sociedad a otra. Más bien, la teoría debe demostrar cómo, mediante las contradicciones, toda la sociedad puede alcanzar formas más elevadas de organización. Estas fuerzas y las formas sociales que implican, se describen mejor como tendencias sociales que como modelos de una situación futura a aspirar.


5.2. Ander Gunder Frank
Frank –citado por Blomström y Bjöm Hettne- argumenta que muchas naciones desarrolladas muestran tendencias particulares, que el status que se les atribuye está diseminado y que la estructura de papeles no es tan funcionalmente específica como podría sostenerlo la ideología oficial. Se pueden encontrar rasgos de “universalismo”, “hazañas” y “especificidad” en las naciones subdesarrolladas. Después de haber destruido las bases empíricas del análisis de la variable modelo en los problemas del subdesarrollo, Frank cuestiona las bases teóricas para dicho análisis.

Para Frank el subdesarrollo no es una etapa original, como puede deducirse de la teoría de las cinco etapas de Rostow, sino es una condición creada; para ejemplificar señala la des-industrialización británica de la India, los efectos destructivos del comercio de esclavos y la destrucción de las sociedades indígenas en América Central y América del Sur.

Es decir, Frank observa que la condición de subdesarrollo constituye un producto histórico, determinado por la expoliación colonialista y que no necesariamente los avances hacia la industrialización dejaron cosas positivas para las sociedades en desarrollo.

ENFOQUE MARXISTA SOBRE EL DESARROLLO

PROLOGO. 1.- Premisas filosóficas del marxismo. 1.1. El Materialismo Dialéctico. 1.2. El determinismo económico. 1.3. La lucha de clases e ideología. 1.4. La Revolución Proletaria. 2.- Pensamiento económico marxista.

PRÓLOGO

Karl Marx tiene como sustento la filosofía hegeliana, suprimiendo de ésta en primer término el idealismo al cual el primero impregnó la tesis materialista; en segundo aspecto, sustituyó la lucha de naciones hegeliana como unidades efectivas en la historia social por la lucha de clases, radicalizando así su profetismo revolucionario.

Tomó esencialmente la dialéctica hegeliana, era su método eficaz para demostrar el desarrollo social, por lo que su filosofía al igual que Hegel se constituyó en una filosofía de la historia.

Para ambos la base de todo cambio social es la necesidad; la fuerza impulsora del cambio social es la lucha y en último lugar el factor determinante es el poder.

Para Marx la lucha que genera el desarrollo histórico social es la de clases y el poder económico es el factor determinante de los cambios superestructurales a nivel político y jurídico.

La filosofía marxista está conformada por una serie de etapas o pasos que se debían seguir para alcanzar la sociedad humana desarrollada, la que se caracteriza por una igualdad de la condiciones de vida, aboliendo las desigualdades, para lo que era necesario un cambio radical de las economías que producían plus valor, es decir, había que consolidar el Estado socialista.

1. Premisas filosóficas del Marxismo

1.1. El Materialismo Dialéctico

Marx consideraba a la dialéctica como un método lógico , el único capaz de explicar una materia de estudio en constante desarrollo y de revelar la necesidad de su desarrollo.

El materialismo marxista se identifica como científico y a pesar que los estudios sociales pudieran imitar a la física, pensaba acercándose a los positivistas, que podían alcanzar un nivel de precisión y certeza alto.

El materialismo comportaba un rechazo radical a la religión, la cual consideraba Marx como el opio del pueblo.

El materialismo dialéctico además tenía como objeto explicar el sentido de una revolución social, la necesariedad del auge y paralelamente la sustitución del modo de producción capitalista, que permitiera la socialización de los medios de producción, desterrando la explotación y la desigualdad social. El proletariado como producto del dominio de la clase dominante al liberarse, liberará a la sociedad y al abolir la desigualdad social puede crear una sociedad sin clases, en donde el Estado resulte innecesario.

1.2. El determinismo económico
Las fuerzas impulsoras de la historia social son para Marx económicas. Lo económico significaba el modo de producción, y puesto que cualquier sistema de producción lleva consigo una forma de distribución del producto social y la distribución crea una estructura de clases sociales, en donde, cada una de las cuales está determinada por su posición en el sistema.

El método mediante el cual una sociedad utiliza los recursos naturales y produce los bienes que le permiten vivir, es para Marx la fuente de su existencia. El modo de producción explica la situación política y su situación cultural en determinado momento; y los cambios en el sistema de producción explican los cambios que se producen en la política y la cultura.

Así en una economía capitalista, el respeto y defensa a ultranza de la propiedad, base del sistema productivo, constituye una premisa fundamental del orden jurídico y político.

La estructura de clases que existe en la sociedad en cualquier período, es el producto histórico que varía según las fuerzas de producción económica que la sociedad puede utilizar.

La economía se convirtió para Marx en una fuente de su análisis histórico, base para determinar las relaciones prevalecientes en cualquier sistema de producción dado, complementado por el auge y el desarrollo del sistema.

1.3. La lucha de clases e ideología
La clase era para Marx –de acuerdo a Sabine- una unidad colectiva que actúa y produce sus ideas y creencias, actuando bajo la presión de su situación en el sistema económico y social. El individuo cuenta por su participación en la clase, porque sus ideas son un reflejo de las ideas creadas por la clase.

El ser social determina la conciencia social enfatizó Marx. Son las condiciones materiales en que se desenvuelve el ser y su entorno que determinan su ideología o sus percepciones sobre el mundo. Lo importante era que la clase proletaria asumiera la conciencia de clase en sí (el ser proletario) y para sí (la reivindicación de sus libertades frente a la clase dominante).

La historia de la humanidad está determinada, en el pensamiento marxista, por la lucha de clases. Así se evidencia en el Manifiesto Comunista:

“La historia de todas las sociedades que han existido hasta nuestros días es la historia de la lucha de clases. Hombres libres y esclavos, patricios y plebeyos, señores y siervos, maestros y oficiales, en una palabra, opresores y oprimidos se enfrentaron siempre, mantuvieron una lucha constante, velada unas veces y otras franca y abierta; lucha que terminó siempre con la transformación revolucionaria de toda la sociedad o el hundimiento de las clases beligerantes” .

Esa nueva lucha de clases en la economía capitalista se basaba en el antagonismo entre capitalistas y proletarios. La transformación revolucionaria del modo de producción capitalista se orientaba a la abolición de la desigualdad y la propiedad al constituirse la sociedad comunista y como medio de transición el Estado socialista.

Las clases dan origen a sus ideologías propias, pero el hecho de que una creencia se origine en una clase social o sea característica de ella no supone que sea válida o no.

La teoría de la estructura de clases de Marx en las sociedades industriales modernas se conformaba por una clase media urbana y comercial, dedicada políticamente a las libertades civiles y políticas de la Revolución y proletariado industrial principalmente urbano, pero más por la seguridad económica que por la libertad política. Consideraba a estas clases como las fuerzas políticas activas en una sociedad moderna, las fuerzas entre las cuales tiene lugar principalmente la lucha de clases.

Las otras clases reconocidas por la teoría, el campesinado y la pequeña burguesía, eran consideradas por Marx como políticamente inertes, aunque en determinado momento podían estar de acuerdo con lo que hacen las dos clases activas.

1.4. La Revolución Proletaria
La revolución en Marx –según Gide y Rist - consistirá en la eliminación de la clase poseedora por la clase obrera, pero esta eliminación no necesariamente debe ser violenta; bien puede ser por el camino político y legal, si la clase obrera llega a conseguir la mayoría en el Parlamento o bien por el camino económico, si las asociaciones obreras llegan, por ejemplo, a organizar directamente todos los servicios económicos y a no dejar ya en lo sucesivo al capitalismo más que en el estado de una cáscara vacía.

El fin del capitalismo, según los autores citados, también puede venir también bajo una forma más esperada por los marxistas: en forma de una crisis económica que arrastrará consigo al capitalismo y que será la consecuencia, de suerte que éste acabará por una especie de suicidio por “autodestrucción”. Como es sabido la teoría del conflicto y cambio forman parte de la noción marxista.

Sin embargo, el marxismo no excluye la violencia, considerándola como probable, porque la sola libre acción de la evolución no bastará, sin duda, para desprender de las formas sociales antiguas las formas nuevas. Marx diría en su texto Miseria de la Filosofía que “la fuerza es la partera de toda sociedad en acción”.

La fuerza y violencia se manifiestan básicamente en aquellos antagonismos inconciliables y constituyen la base del desarrollo social.

En la sociedad capitalista es válido desobedecer las leyes, pues son producto del ambiente burgués, son una expresión de su voluntad; la revolución consistirá en sustituir esa leyes por otras, que derriben todas las estructuras de la sociedad capitalista, esencialmente la propiedad.

En el Manifiesto Comunista se indica:

“El rasgo distintivo del comunismo no es la abolición de la propiedad en general, sino la abolición de la propiedad burguesa. Pero la propiedad privada actual, la propiedad burguesa, es la última y más acabada expresión del modo de producción y de apropiación de lo producido basado en los antagonismos de clase, en la explotación de los unos por los otros. En este sentido los comunistas pueden resumir su teoría en esta fórmula única: abolición de la propiedad privada” .


2. Pensamiento económico marxista
Como se ha mencionado, Marx baso sus estudios de diversas sociedades en una interpretación materialista de la historia. Bajo este análisis el desarrollo de una sociedad debe comenzar a partir del proceso de producción, el cual, a su vez, contiene dos aspectos fundamentales: “las fuerzas de producción y las relaciones de producción” .

Las fuerzas de producción son consideradas generalmente como la suma de condiciones materiales (materias primas, herramientas, máquinas, etc.), incluida la fuerza de trabajo humana, con su conocimiento y experiencia. Las relaciones de producción son aquellas que se dan entre los seres humanos durante el proceso de producción, cambio y distribución de los bienes materiales de una sociedad. Las fuerzas de producción y las relaciones de producción forman el modo de producción.

El modo de producción constituye la estructura económica de la sociedad, y para Marx es el factor determinante, es el punto de partida de su análisis del desarrollo histórico.

Las fuerzas de producción se desarrollan y renuevan en forma constante, a la par del conocimiento humano sobre la naturaleza y el desarrollo tecnológico. Es la transformación de la naturaleza y de la mejora de las condiciones de subsistencia lo que provoca un cambio sustancial en la base.

Un determinado estado de fuerzas productivas requiere en el enfoque marxista adecuadas relaciones de producción, esto es, relaciones apropiadas que gobiernen el uso de las fuerzas productivas; por lo que, las relaciones sociales deben cambiar y ajustarse al estado de las fuerzas de producción.

Así al insertarse la tecnología e industrialización en la dinámica productiva capitalista se debieron modificar y adecuar las relaciones sociales de producción, distribución, comercio y consumo.

Para Marx, los orígenes de todo cambio histórico pueden encontrarse en el conflicto entre las fuerzas y las relaciones de producción. Cuando las últimas no corresponden a las primeras el desarrollo en una sociedad se hace más lento, así que debe acabarse con las relaciones sociales obsoletas, reemplazándolas por otras nuevas y más avanzadas.

En una sociedad de clases, siempre existirán quienes se beneficien de las antiguas relaciones de producción obsoletas y que no estarán dispuestos a abandonar sus posiciones. Por consiguiente, el resultado es una lucha entre diferentes clases sociales.

La razón por la cual existen conflictos entre las fuerzas de producción y las relaciones sociales es que éstas tienen un movimiento más lento que las primeras. El resultado inevitable es una revolución social. El viejo modo de producción (tesis) es remplazado entonces por otro nuevo (anti-tesis), que se ajuste mejor al estado de las fuerzas productivas, y que inexorablemente, será reemplazado por otro novísimo (síntesis). El proceso comienza de nuevo y sigue su decurso, hasta lograr el nivel de desarrollo económico más alto.

La superestructura social que es el otro componente de la dicotomía marxista, en donde convergen, la política, la ideología, la religión, lo jurídico, etc., está determinado por la base económica, lo que describimos anteriormente como determinismo económico.

La tesis marxista del desarrollo estriba en que al preceder el feudalismo al capitalismo, y éste al socialismo y al comunismo, con el fin de alcanzar un estado de socialismo, todas las sociedades debían pasar por las diversas etapas del desarrollo capitalista. Marx dudaba que las sociedades menos desarrolladas fueran capaces de lograr el desarrollo por sí mismas. Esos países o sociedades, Marx las consideraba primitivas e incapaces de lograr un proceso de desarrollo propio.

De acuerdo con Blomström y Hettne, para Marx el colonialismo era un mal necesario, constituía la expansión capitalista necesaria para el salto al socialismo. Era indispensable la eliminación de los modos de producción precapitalista y consolidar el capitalismo.

Marx –citado por ambos autores- en un famoso pasaje de El Capital, taxativamente manifiesta: “Las naciones industrialmente más avanzadas muestran a los menos desarrollados sólo una imagen de su propio futuro”. Marx y Engels compartían que el desarrollo, visto en la necesidad capitalista, era universal e inexorable.

Los países menos avanzados habían de elaborar un tipo de capitalismo más autónomo, similar al que más tarde desarrolló Estados unidos.

miércoles, 15 de abril de 2009

DESCENTRALIZACIÓN DE LAS POLÍTICAS SOCIALES Y COHESIÓN SOCIAL

Adriana Clemente (Buenos Aires, 2001) desarrolla dicho tópico sobre la base de cuatro aristas: globalización y pobreza; impacto de las reformas descentralizadoras en las políticas sociales; modelo de gestión descentralizado; consideraciones sobre el balance descentralizador y el rol de los gobiernos municipales en relación a la crisis global. A continuación haré algunas reflexiones sobre tales enunciados.

La globalización y pobreza han sido conceptos concomitantes en los últimos años. Mientras más se han pregonado las virtudes de la globalización y la liberación de los mercados, estos componentes más han aumentado la brecha entre ricos y pobres, y las asimetrías son aún hoy más complejas (no se enfocan sólo en cuanto al poder adquisitivo de los habitantes sino que inciden también en la brecha de conocimiento, tecnología e información). Competencia extrema e interdependencia –dice Ernesto López- le dan inestabilidad permanente al sistema. En este mundo post moderno se transmiten con rapidez valores y desvalores; se pierde cada día la autoridad del Estado nacional. Las empresas trasnacionales se han convertido en macro gobiernos y sus líderes son atendidos como Jefes de Estado (p.ej. la venida de Carlos Slim a Guatemala, mereció la atención protocolaria que se da a aquéllos).

La globalización ha alimentado la desterritorialización en sus esferas cultural, económica y social, paradójicamente, ha acentuado la territorialización o segmentación de la pobreza. Las dicotomías urbano – rural y centro - periferia siguen coexistiendo.

Las reformas descentralizadoras de las políticas sociales han sido un mecanismo alterno para paliar los efectos de las crisis económicas suscitadas a fines del siglo pasado e inicios del presente en México, Brasil y Argentina. Los programas en materia de educación (Argentina) y gasto público social (Brasil) han sido exitosos cuando se les da tratamiento y apoyo desde los gobiernos sub nacionales. En Guatemala, la reforma descentralizadora se ha quedado en “buenas leyes” y “bonitos principios”, pero en la realidad se ha avanzado poco y en otros casos se ha retrocedido; impera nuevamente la visión centralista de atender los problemas sociales.

El tema de la descentralización fiscal no ha sido profundizado en los países latinoamericanos, pero en aquéllos donde se ha implementado han logrado potenciar territorios con ventajas comparativas, cuyos beneficios en otrora quedaban en manos del poder central.

Adriana Clemente indica que los modelos de gestión descentralizada han contribuido a paliar la crisis producida por los fenómenos económicos globales, pues son los gobiernos sub-nacionales los que asumen una tarea oportuna desarrollando sus propias capacidades, logrando así el equilibrio del gobierno central. Esto no se puede decir en Guatemala, en donde existe todavía una lejanía entre gobierno central y poder local, en donde las preocupaciones de ambos estriban en la interrogante ¿Con qué programas captan más votos por parte de los destinatarios?

Cohesión Social resulta ser el desafío latinoamericano. Sus componentes son positivos: transferencias condicionadas, “mallas de seguridad”, “gestión de emergencia”, “políticas de alivio a la pobreza”, pero deben promoverse a mediano y largo plazo, con transparencia, eficacia y sostenibilidad, con metas relacionadas a la formación de capital humano, productivo y social, a fin de constituirse en políticas de Estado y no en simples programas gubernamentales, vulnerables ante las presiones de los poderes fácticos.

domingo, 28 de diciembre de 2008

Descentralización Política o Separatismo: La experiencia boliviana

1. DESCENTRALIZACIÓN POLÍTICA y ADMINISTRATIVA
La Descentralización Política y Administrativa implica la distribución del poder político entre el nivel nacional y el nivel regional–local. La trasferencia de decisiones sobre la asignación para la provisión y producción de bienes públicos a procesos democráticos sub-nacionales. Además, la decisión sobre el gasto público y sobre los recursos de la comunidad.

Su rasgos fundamentales son: a) un sistema y mecanismos de elección de las autoridades políticas en el ámbito local; b) mecanismos de participación de la comunidad; c) autonomía normativa y política, que no se ciñe a la elección de candidatos, sino por ejemplo, al reconocimiento de órganos colegiados en los procesos de toma de decisiones políticas; d) un sistema de actores políticos (vgr. Autoridades tradicionales, Consejos de Desarrollo).

Dentro de los tipos de descentralización política están: a) La Territorial, que consiste en el reparto de poder, la distribución vertical del mismo. Es decir, la atribución a los entes descentralizados de actividades administrativas y prestación de servicios públicos (ésta es la que tiene más componente político); b) La Funcional, en la que se atribuyen a entes u órganos públicos con personalidad jurídica propia la gestión de ciertos servicios o ejercicio de ciertas actividades administrativas (ésta es la que conocemos como Administrativa). Ambos espectros muchas veces convergen, son necesarios y se complementan.

Como elementos básicos de una estrategia de Descentralización se encuentran: a) la autonomía del ente receptor; b) la voluntad política; c) la articulación de un consenso nacional (traducido comúnmente en la Constitución Política); d) la asignación de responsabilidades y recursos; e) la celeridad y extensión de las transferencias; y f) las relaciones intergubernamentales adecuadas, entre otros.

1.1. La Autonomía Regional
La descentralización política y administrativa puede tener como punto culmine el proceso de autonomías regionales, pero es una de sus manifestaciones, tal vez la más desarrollada. En la autonomía regional los territorios gozan de libertad para gobernarse bajos sus propias leyes, pero existen excepciones, pues hay materias que son competencia exclusiva del poder estatal.

La autonomía regional no significa necesariamente una transferencia de poderes del Estado a la región; la autonomía regional implica la democratización y descentralización del Estado, una profundización de la democracia, pues acerca los niveles de decisión a los ciudadanos, permitiendo una efectiva participación política .

Se puede entender la autonomía regional como la descentralización llevada a su máxima expresión en el aspecto administrativo y económico, sin que el Estado deje de ser el centro de poder .

Como ventajas de una organización autonómica, se pueden describir: a) la adecuación del Estado a las necesidades locales, para que se recupere o mantenga la idiosincrasia de cada territorio; b) cada comunidad tiene una estructura jurídica, política e institucional propia y singular; y c) se aligera la función legislativa de los parlamentos nacionales, trasladando a las cámaras locales la tarea de crear leyes en ese ámbito.

Los posibles riesgos que conlleva son: a) que se pueden permitir o fomentar la permanencia de estructuras burocráticas centralizadas, creándose un centralismo regional; b) se crea la posibilidad de originar una duplicación de funciones; y c) la conversión de la autonomía en un refugio para los grupos oligárquicos.

De todas formas un proceso de autonomías regionales debe necesitar para su formalización y validez, el tratamiento de reformas constitucionales.

2. DESCENTRALIZACIÓN POLÍTICA y ADMINISTRATIVA EN BOLIVIA

2.1. La Ley de Participación Popular
Con la promulgación de la Ley de Participación Popular en 1994, Bolivia emprendió una reforma descentralizadora que ha suscitado interés a nivel internacional. La participación popular ha sido vista como un modelo de incorporación de sectores marginados y de reconocimiento de los derechos de los pueblos indígenas. En cierta medida la política de descentralización en Bolivia ha estado relacionada a la transición hacia gobiernos civiles iniciada en 1982.

La liberación política ha abierto un espacio para el surgimiento de presiones descentralizadoras en un país que históricamente ha estado caracterizado por el centralismo. Otro factor importante ha sido el declive de la economía minera de los antiguos centros de poder económico y político, mientras que el eje articulador de la economía boliviana se ha estado desplazando hacia la frontera agrícola del Oriente, específicamente alrededor de la provincia de Santa Cruz.

La Ley de Participación Popular evitó que el país fuera sometido a un proceso de “balcanización”, ante la demanda de los Comités Cívicos que propugnaban por una descentralización hacia el nivel departamental y por la experiencia anterior de las Corporaciones Departamentales de Desarrollo (CORDES) que se convirtieron en nidos de patrimonialismo y corrupción. El corte de esta ley sería municipalista .

Dentro de los rasgos importantes de esta Ley, aprobada en abril de 1994, se encuentran:
• La creación de municipios urbano-rurales con base a las 311 secciones provinciales existentes, pero sin estructura administrativa (se descartaron los cartones por su gran número y las provincias por ser tan bastos que no permitirían el reconocimiento de la variedad cultural y organizacional);
• La transferencia de recursos de coparticipación tributaria según criterios de asignación per cápita (es decir sin tomar en cuenta criterios como la pobreza o la capacidad de absorción para no complicar el esquema de distribución) y la elevación del monto de la coparticipación del 10% al 20% del ingreso tributario nacional (o sea 6% de los ingresos totales del Estado);
• La descentralización de competencias sobre la infraestructura y mantenimiento en los sectores de educación, saneamiento básico, cultura, deportes y caminos vecinales;
• La creación de nuevos mecanismos de enlace entre el gobierno local y la sociedad civil: Los Comités de Vigilancia, conformados por representantes de Organizaciones Territoriales de Base (comunidades indígenas, campesinas y juntas de vecinos);
• El reconocimiento de las “organizaciones territoriales de base” (OTBs) y no “funcionales”, lo que de hecho significaba un desconocimiento de las organizaciones supracomunales, como son las federaciones de juntas vecinales, centrales sindicales y federaciones.

Otro rasgo importante de la Ley fue la ampliación del mandato municipal de 3 a 5 años y la limitación de los gastos de funcionamiento financiados con fondos de la coparticipación a un 15%. Así se buscó que fueran asignados a la inversión, según las orientaciones establecidas en un Plan de Desarrollo Municipal (PDM) quinquenal así como la especificación en los Planes Operativos Anuales (POAs) .

La Ley de Participación abarcó a todos los municipios bolivianos, pero su impacto fue más importante en el área rural y para los municipios rurales.

A fin de acelerar la implementación de esa Ley se creó una Secretaría Nacional de Participación Popular, con una plantilla conformada por técnicos independientes y personal de muchas ONGs. Se incrementaron los OTBs y los Comités de Vigilancia. Hacia 1998 se transfirieron más de US$ 200 millones a los gobiernos municipales, revirtiendo la anterior concentración de recursos en las grandes ciudades. La estructura de la inversión por nivel de gobierno cambió de forma significativa.

Con la Ley de Participación Popular, los recursos disponibles se incrementaron de forma espectacular. Sin embargo, el efecto redistribuidor a largo plazo está menos cierto puesto que las grandes ciudades logran generar más recursos propios y captar más transferencias, créditos, donaciones, etc. que los municipios rurales. Así los fondos de coparticipación dan cuenta de cerca de un tercio de los ingresos de los capitales departamentales mientras que en los municipios rurales esta proporción es más bien de dos tercios.

2.2. La Ley de Descentralización Administrativa

En 1995 se dictó la Ley descrita, con lo que se evitó la elección directa de Consejos Departamentales, que en opinión del Gobierno podría llevar a una “balcanización del país”. De acuerdo a la Ley de 1995, aquéllos son nominados por los concejales de los municipios de cada Provincia. Esos Consejos tienen algunas atribuciones sumamente endebles en cuanto la planificación y control del Prefecto puesto que, por ejemplo, el mismo Prefecto preside el Consejo.

Con la Ley de Descentralización Administrativa se transfirieron a las Prefecturas responsabilidades en las áreas de:

• Construcción y mantenimiento de caminos nacionales, secundarios, electrificación rural, infraestructura de riego y apoyo a la producción;
• Conservación y preservación del medio ambiente;
• Promoción del turismo;
• Programas de asistencia social y de fortalecimiento municipal;
• La administración, supervisión y control por delegación del gobierno central de los recursos humanos y las partidas presupuestarias asignadas al funcionamiento de los servicios personales de educación, salud y asistencia social .

De hecho tal parece una delegación y desconcentración administrativa que propiamente una descentralización. Cada Prefectura tiene una Secretaría General y un Tesoro así como Secretarías Sectoriales, entre ellas las de Desarrollo Sostenible y Medio Ambiente, Desarrollo Económico, Participación Popular y Desarrollo Humano, entre otras.

Las Prefecturas fueron ideadas como una suerte de bisagra entre el gobierno central y los gobiernos municipales. La promulgación de la Ley de Descentralización Administrativa fue una respuesta a las presiones de las elites departamentales y obedeció a presiones al interior del partido gobernante de la época, el Movimiento Nacional Reformador (MRN). Existió un temor de perder el control sobre los municipios tras las elecciones de 1995 y el avance de los partidos no-oficialistas. Al final de la administración del Presidente Sánchez de Lozada, el papel de las Prefecturas fue ampliado al condicionar la asignación de recursos de ciertos programas sociales a trámites ante las Prefecturas.

3. EL DEBATE SOBRE LAS “AUTONOMÍAS REGIONALES”
En Santa Cruz, Bolivia, se ha articulado de manera consistente el poder económico (CAINCO-FEGASACRUZ-CAO-FEDERACIÓN DE EMPRESARIOS) con el poder político (el Comité Cívico y sus brazos, la Nación Camba y la Unión Juvenil Cruceña) y el poder mediático (Unitel y Red Uno). Estos pretenden disponer de los recursos públicos necesarios para mantener la política de créditos agropecuarios, tener en sus manos la distribución de la tierra mediante un Instituto Departamental de Tierra y contar con suficiente poder coercitivo para frenar el avance del “Movimiento Sin Tierra” .

Los pobladores cruceños son contrarios a una autonomía como la descrita (principalmente los indígenas y campesinos), quienes han sido objeto de amenazas, además, la Juventud Cruceñista y la Nación Camba han salido a golpear a todos los que no han apoyado el movimiento regional.

La “Coordinadora por el fortalecimiento de la unidad nacional y la democracia” planteó públicamente que las “autonomías” sean discutidas en la Asamblea Nacional Constituyente, la que se ha previsto para el próximo año 2009; también, han propuesto la modificación de la Ley 2493 que pretende consolidar los latifundios y la aprobación inmediata por tiempo y materia de una Ley de Hidrocarburos que fije regalías del 50%; la migración obligatoria de los contratos; la recuperación de los hidrocarburos para beneficio de los bolivianos; la inclusión del Título del Derecho de Consulta y la participación de los pueblos indígenas y comunidades originarias. Han demostrado también su descontento porque la oligarquía cruceña ha hablado en nombre del Pueblo Guaraní.

Con relación al resto del país, la reacción ha sido diversa, pero en general no es conteste con las posiciones de los cívicos cruceños. Las instituciones de Cochabamba y Chuquisaca se han mostrado simplemente contrarias a las autonomías. Las de Potosí y El Ato se pronuncian a favor de la autonomía pero a través de una Asamblea Constituyente. En Cochabamba además se exige la Ley de Hidrocarburos. Por su parte el Mallku Felipe Quispe anuncia la constitución de una autonomía de origen aymara. En todas partes de Bolivia, se pregunta si autonomía supone auto-sostenimiento económico (para lo cual sólo dos departamentos estarían en condiciones de hacerlo, Santa Cruz y La Paz). Y por lo menos en un lugar la pregunta estriba en evaluar si la causa de los males es el centralismo o el neoliberalismo, y la respuesta apunta más a éste último aspecto.

En conclusión, es relevante lo expresado por Saúl Escalera, con relación a la Autonomía Regional en Bolivia: “Que se vele por la libertad de autodeterminación, pero al mismo tiempo se establezcan reglas claras y mecanismos regulatorios de alcance regional y nacional que fiscalicen esas tareas, especialmente cuando se relacionan con el desarrollo socioeconómico de cada región. Esto para evitar que la autonomía regional caiga en poder de unos cuantos políticos vivillos regionalistas que luego tengan la peregrina idea de producir un desmembramiento nacional” .

4. ¿Qué pasa en Bolivia: Se consolida el modelo descentralizador o se resquebraja la República?
Luego del referendo revocatorio realizado el 10 de agosto de 2008 y el procedimiento declarativo de “autonomías regionales” en algunas circunscripciones territoriales, lo que se evidencia en esa nación sud americana no es el reflejo de un “proceso autonómico” o de “descentralización” del Estado, en donde éste sea fortalecido en cuanto a su unidad estructural política, económica, jurídica y social. Es más, los hechos que se derivaron fueron más tendentes a una “separación” de regiones declaradas “autonómicas”, cuyo proceder aún es cuestionado por su “ilegalidad”. Todo esto alertó la posible sucesión de hechos violentos con tal de alinear especialmente a la Provincia de Santa Cruz, contrario sensu, ésta (manipulada por grupos oligárquicos) pretende buscar su plena independencia.

El tema de la “autonomía” de las regiones y el referendo revocatorio, más que consolidar procesos en Bolivia, están ocasionando un problema de “gobernabilidad” en ese país, lo que no es conveniente para los fines democráticos y de seguridad de una nación.

Los hechos precedentes y las secuelas del referendo no han sido alentadores, el conflicto en Bolivia ha rebasado el espectro nacional, verbigracia, el Presidente Hugo Chávez ha indicado que “si pasa algo en Bolivia” con la injerencia de los Estados Unidos y el apoyo de los poderes oligárquicos de Santa Cruz, “ellos” -aludiendo al gobierno venezolano- “no” se quedaran con los brazos cruzados. Es más, indicó que Bolivia podría ser el “nuevo Vietnam” -citando al guerrillero heroico Che Guevara-; adujo la necesidad de construcción de uno o más Vietnam en América Latina.

Bajo argumentos no tan fuertes, el Presidente de Ecuador, Rafael Correa, criticó el comportamiento de los poderes económicos de Santa Cruz, al indicar que ellos nunca han sentido a Bolivia como “su tierra” y menos identificados con “los cholos” y los indígenas de dicho país.

Del otro lado, el grupo autonómico y opositor de Santa Cruz, enarboló argumentos “localistas” y críticos del Gobierno de Evo Morales, a quien acusan de ser un “pichón” de Hugo Chávez, además han respondido que los “santa cruceños” no se intimidaran ni se dejaran de las amenazas o uso de fuerza que insinúa utilizar Hugo Chávez, si en Bolivia no se respeta el referendo revocatorio.

Es claro que el panorama no es alentador en Bolivia.

En el seno de la Organización de Estados Americanos (OEA), se ha vociferado la necesidad de realización de un “diálogo” en ese país. Sin embargo, la diplomacia del gobierno boliviano ha sido enfática en señalar que los perfectos o gobernadores de las provincias autoproclamadas autonómicas no quieren el diálogo. Bajo esa arista, la consecuencia fatal de estos acontecimientos podrían ser la de una guerra civil, entre el poder gubernamental y las provincias opositoras, que han también demostrado ser fuertes, pues según conteos del referendo, el 70% de santa cruceños le dieron un “no” al Presidente Morales.

Además, en este conflicto no deja de existir un trasfondo de carácter social, cultural y étnico. La presencia de un indígena en el poder en un Estado gobernado históricamente por grupos oligárquicos (como sucede en la mayoría de países latinoamericanos) y los reiterados eventos reivindicativos impulsados por el Presidente Morales a favor de los pueblos indígenas, han logrado un choque abrupto de intereses políticos, económicos, sociales y étnicos que se entremezclan en la problemática analizada.

También se ha argumentado que en Bolivia existe una aparente “descentralización” del poder político, sin embargo, los fines de la misma no son contestes con la realidad de dicho país. La descentralización constituye un proceso de eficiencia, eficacia y logro del bienestar general de la ciudadanía dentro de la unidad territorial de un Estado; busca el aprovechamiento de los recursos, el capital social, humano y el desarrollo de los territorios de las comunidades sub-nacionales; facilitar el proceso de toma de decisiones en las mismas a fin de mejorar las potencialidades y capacidades del Estado. En Bolivia como se ha dicho al inicio no se están logrando ni menos consolidando estos objetivos, lo que se está suscitando es más la “separación” y “segregación” de la unidad política y territorial de dicho Estado, a causa de las elites económicas que se enquistan en el poder para velar por sus intereses sectoriales.

lunes, 11 de agosto de 2008

EL PARADIGMA DEL DESARROLLO HUMANO Y SU APLICACIÓN A LA REALIDAD GUATEMALTECA

Luis Ernesto Cáceres Rodríguez

1. Teoría del Desarrollo Humano: El enfoque de las capacidades, capital social y otros conceptos.

Se puede incluir en esta arista del concepto de Desarrollo Humano , el enfoque de las capacidades, el desarrollo sostenible (o más correctamente sustentable) y el desarrollo participativo. Estos conceptos, que algunos se agrupan bajo el de ´desarrollo alternativo’, han pasado de oponerse frontalmente a las corrientes convencionales de pensamiento sobre desarrollo a integrarse en la práctica actual de numerosos organismos internacionales, sobre todo de las agencias de las Naciones Unidas, las ONG’s y el Banco Mundial. Difícilmente se las puede considerar, por tanto, ‘alternativas’, en la medida en que son ampliamente aceptadas por la comunidad del desarrollo. Sin embargo, carecen de la consistencia teórica de las escuelas precedentes y su ámbito es la aplicación práctica sobre el terreno de un nuevo tipo de cooperación al desarrollo, más descentralizada, que desconfía del Estado como agente del progreso y prefiere centrarse en las personas, en muchos casos a nivel local.

Ya a finales de los años 70, economistas como Chenery empezaron a destacar la importancia de los aspectos humanos del desarrollo. Este primer enfoque ‘humanista’ entendía que uno de los aspectos fundamentales del desarrollo era la satisfacción de las necesidades básicas de los individuos; es decir, erradicar la pobreza, extender la educación y asegurar una nutrición y unos niveles sanitarios adecuados. Los malos resultados en términos sociales de los programas de ajuste hicieron que a finales de los años 80 la UNICEF y otras instituciones reclamasen un ‘ajuste con rostro humano’.

A principios de los años 90, el economista Mabuh Ul Haq introdujo el concepto de ‘desarrollo humano’. El concepto de ‘desarrollo humano’ concebido por Ul Haq no supone una ruptura con los enfoques precedentes, pues sigue considerando necesario el crecimiento económico e incluso adoptar procesos de ajuste para preservarlo, pero más como un medio para alcanzar elevados niveles de desarrollo humano que como un fin en sí mismo.

Para los defensores del ‘desarrollo humano’ queda claro que una mayor producción de bienes y servicios (crecimiento) expande las oportunidades, las capacidades y las posibilidades de elección (libertad); y el crecimiento económico y la mayor libertad contribuyen de manera importante al desarrollo humano. Pero el crecimiento económico se valora sólo en la medida en que contribuye a un mayor desarrollo humano.

El problema es que la contribución del crecimiento al desarrollo humano parece ser decreciente; es decir, cuanto mayor es el nivel de renta de un país, el crecimiento económico adicional parece añadir cada vez menos desarrollo humano. Por ello, es preciso adoptar políticas que mantengan un crecimiento favorable al desarrollo humano: favorecer un crecimiento económico basado en un empleo intensivo del trabajo (evitando el desempleo); proceder a la redistribución de las rentas generadas; y basar el crecimiento económico en la formación de capital humano. Es decir, el desarrollo humano, además de ser un objetivo del crecimiento, es también un medio para alcanzarlo (mediante el funcionamiento de la teoría del crecimiento basada en la formación de capital humano).

Nos encontraríamos así con lo que los economistas llaman un “circulo virtuoso”, en el cual crecimiento y desarrollo humano se respaldarían mutuamente: invertir en las personas resultaría rentable económicamente y, sobre todo, éticamente deseable. Un trabajador sano, bien alimentado y con una cualificación elevada resulta más productivo y contribuye en mayor medida al crecimiento, disfruta de una vida más plena y contribuye a un mayor desarrollo humano de la sociedad en que participa: paga más impuestos con los que mejora los servicios sociales facilitados por el Estado (por ejemplo, los asistenciales, sanitarios y educativos); tiene más medios para educar a sus hijos; puede contribuir en mayor medida a la mejora de la situación de la comunidad en la que vive, etc.

Por tanto, a diferencia del énfasis en el capital físico de las escuelas analizadas anteriormente, el concepto de ‘desarrollo humano’ incluye los avances de la teoría del crecimiento endógeno en materia de capital humano. Para la escuela del ‘desarrollo humano’, el crecimiento expande las oportunidades, pero el crecimiento económico se valora sólo en la medida en que contribuye a un mayor desarrollo humano y es preciso adoptar políticas que mantengan una pauta de crecimiento favorable a dicho desarrollo.

Si a las necesidades básicas añadimos la dimensión política y social, entramos en el campo del enfoque de las capacidades propugnado por Amartya Sen. Para Sen, el desarrollo debe entenderse como la ampliación de las capacidades de las personas, tanto a nivel económico como cultural, social o político. En este sentido, el desarrollo debe entenderse como la libertad (o la capacidad) para elegir el tipo de vida que cada persona quiere llevar, aunque respetando la regla kantiana de que la libertad de cada uno termina donde empieza la de los demás. Libertad para no padecer privaciones ni enfermedades fácilmente curables, para poseer una vivienda digna, para participar en la toma de decisiones colectivas, para disfrutar del nivel educativo deseado, para profesar, expresar y difundir libremente las propias ideas (sean estas políticas o religiosas) o para vivir en un entorno cultural propio. En definitiva, se trata de ampliar el poder de la gente para decidir su propio destino, lo que los anglosajones denominan empowerment. Pero es importante tener presentes los límites que nos marcan la ética y los derechos humanos: uno no debe realizar sus capacidades a expensas de los demás.

Para el enfoque de las capacidades de Sen, el desarrollo es la ampliación de las capacidades de las personas, debe entenderse como la libertad para elegir el tipo de vida que cada persona quiere llevar y trasciende el ámbito económico para entrar de lleno en los aspectos políticos, sociales y culturales del desarrollo.

Hasta ahora hemos tratado los conceptos de capital físico y capital humano, pero el concepto de capital social es el más novedoso dentro de la literatura económica, aunque sociólogos y politólogos vienen trabajando con él desde hace décadas. El concepto se emplea por primera vez por Robert Putnam (Making Democracy Work ). Él plantea que la existencia de elevados niveles de confianza entre los agentes sociales sería el resultado del elevado nivel de capital social en una sociedad. Es importante distinguir entre instituciones (familia, valores culturales, derechos de propiedad...) y capital social: éste es el ‘pegamento’ que mantiene a las instituciones cohesionadas y las hace eficientes y operativas.

Un elevado nivel de capital social puede proceder de sociedades homogéneas, con valores culturales armónicos, sin profundas divisiones étnicas ni religiosas, que no recurren a la violencia para dirimir sus diferencias y relativamente equitativas, entre otros atributos; cuando tales atributos no se dan, el capital social puede provenir de la confianza en las instituciones para resolver las diferencias.

La relevancia del capital social para el crecimiento y el desarrollo económico se da en el ámbito político y social, desde el cual se transmite a la economía. Las sociedades de elevado nivel de capital social presentarían un mejor comportamiento económico derivado de la confianza que impregna las relaciones sociales. Por ejemplo, la confianza mutua abarata las transacciones comerciales, al no requerirse tanta información de la solvencia de la otra parte ni tener que prevenir comportamientos fraudulentos. En forma similar, la cultura del diálogo social entre empleadores y trabajadores evita confrontaciones violentas que entrañan un coste económico (huelgas, despidos, recurso a los contratos temporales). Las disputas políticas, religiosas o étnicas, cuando se dan, se reconducen por cauces pacíficos y raramente perturban la actividad económica. A su vez, al igual que vimos para el caso del capital humano, el crecimiento económico puede generar capital social en la medida en que venga acompañado de una mayor justicia social. Nos encontramos con un nuevo “círculo virtuoso”, esta vez entre crecimiento y capital social.

La formación de capital humano se alcanza por un esfuerzo directo en educación y formación de la población; el capital social requiere igualmente la transmisión a la sociedad de los valores de respeto, tolerancia, diálogo, integridad, profesionalidad; esta educación no se limita a los cauces académicos formales, siendo éstos muy importantes, sino que se transmite también por el ejemplo de los líderes sociales, a nivel local y nacional, o los medios de comunicación.

Uno de los elementos claves constitutivos del capital social es la participación, tanto a nivel local como regional o nacional. De ahí el concepto de ‘desarrollo participativo’, muy aplicado por las ONG’s, y el de ‘desarrollo endógeno’, referente a un desarrollo auto-centrado que emana de la propia sociedad sin influencias externas. Sin embargo, aquí nos salimos del campo de las teorías del desarrollo propiamente dichas para entrar en las formas de la cooperación al desarrollo, por lo que sólo se relacionan estos conceptos con el de capital social y con el binomio desarrollo-democracia.

Otro concepto muy mencionado es el de ‘desarrollo sostenible (sustentable)’, referido en principio a otro tipo de capital, el ‘capital natural’, es decir, el conjunto de recursos naturales disponibles en el planeta: minerales, bosques, biodiversidad, aire fresco, agua limpia, paisajes, etc.


2.- El Paradigma del Desarrollo Humano y su adecuación para Guatemala.

Para poder analizar la adecuación del Desarrollo Humano en Guatemala, es necesario tomar en cuenta diversos factores influyentes, principalmente los naturales, sociológicos, políticos y jurídicos, entre otros. Factores que en su conjunto constituyen una plataforma ideal en la búsqueda del Desarrollo Humano.

Naturales, conocidos para algunos economistas como Factores “Tangibles”, porque Guatemala, a pesar de poseer una extensión territorial reducida, cuenta con una amplia diversidad de micro climas, que permiten la explotación de recursos tradicionales y no tradicionales. Además, geográficamente cuenta con la ventaja de tener acceso al Océano Atlántico y al Pacífico, factor que potencia la comercialización de los productos nacionales vía marítima. El factor sociológico, porque se debe tomar en consideración al ciudadano guatemalteco no como individuo aislado, sino en su conjunto, como ser integrante de una sociedad multilingüe, multiétnica y pluricultural, elementos que constituyen una riqueza social con capacidad para ser desarrollada. El factor político, porque a la luz de las teorías economistas, el sistema de Gobierno de la realidad guatemalteca evidencia un panorama -que sin bien es cierto posee tintes de intervencionismo estatal- no deviene en “paternalismo” que históricamente fue corrompiéndose y que provocó índices de inflación inimaginables para la economía.

Guatemala debería consolidar un Modelo Liberal Social y Pragmático (como lo ha planteado John Ralws) y retomar algunas ideas de las teorías clásicas aplicadas a la realidad y características nacionales, sistema que permite pensar en el Desarrollo Económico del país y por ende en el Desarrollo Humano. En cuanto al aspecto jurídico, Guatemala cuenta con una compleja normativa tanto constitucional como ordinaria que constituyen una serie de garantías hacia las libertades fundamentales individuales, basamento jurídico propicio para la búsqueda del Desarrollo Humano sostenible.

En este punto, es preciso indicar que existen otros factores necesarios para la adecuación de dicho paradigma en Guatemala, sin embargo han sido someramente desarrollados. Entre estos factores están la política financiera estatal, que debe estar orientada hacia la inversión, y, si la necesidad de adquirir empréstitos es inevitable, éstos recursos deberán ser invertidos estratégicamente entre los diversos factores de producción, puesto que de ésta forma, el Estado contará con los recursos suficientes para satisfacer las obligaciones contraídas con los acreedores tanto nacionales (empréstitos internos) como extranjeros y así evitar endeudamientos que empobrecen a futuras generaciones. Dentro de ésta política financiera, se ubica la política fiscal, la que se ve íntimamente influenciada por el fomento de una cultura tributaria, constituyendo el fundamento de la misma: la transparencia y la eficiente inversión de los recursos económicos obtenidos por medio de los impuestos, que se traducen en servicios de salud, educación, seguridad, vivienda, etc.; en fin brindar las condiciones necesarias para el desarrollo integral de todos los habitantes de la República.

De acuerdo con lo expuesto, es evidente establecer que Guatemala cuenta con las condiciones naturales indispensables para promover el Desarrollo Humano sostenible, siendo necesario fomentar la producción, la explotación de los recursos, la generación de condiciones que permitan ocupar el recurso humano desempleado, y de ésta forma aumentar el ingreso per cápita, elevar las condiciones de vida en aras de fomentar el Paradigma del Desarrollo Sostenible en Guatemala.

3. Procesos o fases necesarias para la aplicación del Modelo en Guatemala

Las fases que se proponen son las siguientes:
a) Una política fiscal distributiva de la renta nacional, no confiscatoria ni paternalista, promotora del capitalismo moderno e incluyente;
b) Correcta inversión en los factores de la producción: tierra, fuerza de trabajo, capital, tecnología, capital social y capital natural.
c) Control y calidad del gasto público;
d) Aplicación del principio de subsidiariedad en la intervención económica del Estado: éste debe inmiscuirse en los procesos sociales que ameriten lo dicho, educación, salud, seguridad ciudadana, justicia y seguridad alimentaria.
e) En el aspecto superestructural, el Modelo de Desarrollo Humano se consolida a través del fortalecimiento de las instituciones democráticas, el Estado de Derecho, el respeto y la promoción de los Derechos Fundamentales.

4. Ventajas y limitaciones del paradigma de Desarrollo Humano

4.1. Ventajas del paradigma
La postura de Sen es clara en ver al desarrollo humano como un proceso de expansión de las libertades de las que disfruta la gente. Este enfoque va más allá de la perspectiva tradicional del desarrollo. Para Sen, se “requiere eliminar las principales fuentes de falta de libertad: la pobreza, al igual que la tiranía, las escasas oportunidades económicas, así como la carencia social sistémica, el descuido de las instalaciones públicas y la tolerancia o la actividad excesiva de los estados represivos” .

En este ámbito, los términos ética y moral, no obstante tener claras diferencias epistemológicas y filosóficas, encuentran el mismo cauce cuando se utilizan como indicativos para proseguir y encaminarse hacia “lo bueno”, “lo correcto”, “lo justo”; es decir, aquellas cosas que pensamos que valen la pena y que nos resulta valioso. Nos interesa evaluar las decisiones éticas, vistas estas como aquellas elecciones en donde nuestra intención y meta es “buscar el bien” .

En este sentido, lo “bueno” del desarrollo deriva del resultado de las decisiones tomadas por los actores del desarrollo. La responsabilidad de lograr las metas del desarrollo descansa en los miembros de la sociedad, que son los agentes del desarrollo. Son los propios actores del desarrollo quienes deben discernir cuáles son los valores inherentes a éste y promover esos valores. Y los actores deben saber que lo bueno del desarrollo se logra también a través de la decisión de trabajar juntos, a través de esfuerzos sostenidos y creativos por el bien común de todos.

Si el desarrollo implica un aumento de libertad, como lo plantea Sen, lo lógico sería que el compromiso de mutua comprensión es una responsabilidad ética primordial, incluso para las instituciones financieras, internas e internacionales.

De acuerdo con lo anterior, cabría preguntarse ¿Cuáles son los valores o principios que pueden guiar el conocimiento y la toma de decisiones para impulsar el desarrollo?

Dado que la libertad constituye el epicentro de toda consideración ética -desde la perspectiva epistemológica y ontológica-, dicho término resulta fundamental para el ejercicio de la responsabilidad moral por parte de los actores del desarrollo.

Según Sen, la expansión de la libertad efectiva de la gente “es vista a la vez (1) como el fin primordial y (2) el medio básico del desarrollo” . La libertad es a la vez un medio y un fin. Es el bien a lograr y el camino para hacerlo. Por ende, es a la vez constitutivo del desarrollo como meta y el instrumento en el proceso de desarrollo. Uno puede lograr la expansión de su libertad, únicamente mediante el ejercicio de la libertad.

Pero cuál sería ahora el principio ético que entra en juego en este enfoque del desarrollo que mira a la libertad como un medio y un fin. Gasper Lo Biondo plantea que es el del “bien común”. Continúa diciendo que “En la sociedad moderna, la gente tiene la libertad de definir su propia identidad y sus propios proyectos de vida. Debido a ello, el bien común se transforma en una noción dinámica. Es el bien que la gente construye y sostiene en común con los demás, mediante su ejercicio de la responsabilidad ética frente a la economía en su totalidad y a la sociedad”. Una manera de expresar esto es diciendo que el bien común “abarca la suma total de la condiciones de la vida social, por medio de la cual los hombres pueden lograr su propia perfección integral de la manera más completa y más fácil” .

Por último hay que indicar que en el proceso de desarrollo el principio que puede guiar el conocimiento y toma de decisión de los actores abarca un aspecto más del bien común, se trata del principio de “solidaridad”.

La solidaridad implica superar las divisiones entre los grupos de intereses. Cuando los actores del desarrollo toman decisiones conforme al valor ético de la solidaridad, trascienden los límites de sus propios intereses y buscan entender el bien que los demás buscan. Este tipo de actitud los lleva a asumir la responsabilidad del proceso de desarrollo y a participar conjuntamente con otros actores en las decisiones que influyen en el curso de la economía y la sociedad. Solidaridad en acción es colaboración .

4.2. Desventajas del Modelo
a) Es un modelo que encuentra dificultades de aplicación en países en vías de desarrollo como el nuestro, en donde no existe un equilibrio entre capital y fuerza de trabajo;
b) Se necesita de una capacidad efectiva de intervención estatal para realizar la tarea distributiva de la riqueza –lo que ha resultado infructuoso en países con poderes monopólicos y oligopólicos como Guatemala-, pero sin caer en el paternalismo, respetando el principio de subsidiariedad en la intervención económica del Estado;
c) Desde el punto de vista de la cultura política, el modelo de desarrollo humano requiere funcionarios y ciudadanos comprometidos con valores democráticos, en y para el fomento de los derechos fundamentales de la persona, lo que constituye una meta que se ve obstruida por los enfoques autoritarios con los que se sostienen los sistemas y subsistemas políticos y sociales de los países en vías de desarrollo;
d) Es un modelo que se puede ir consolidando en un mediano y largo plazo, pero las coyunturas y apremios de los países en vías de desarrollo menguan la debida planificación y ejecución de planes y proyectos a futuro.


5. COMENTARIO FINAL

Luego del análisis hecho a la teoría del desarrollo humano se ha podido establecer que ésta constituye una variación de los típicos modelos de desarrollo económico, pues también se consideran aspectos sociales, que tienen que ver con una consideración ontológica y humanista de tal paradigma.

Del estudio realizado se puede concluir:

5.1. El concepto de Desarrollo Humano es compatible con el enfoque de las capacidades, el desarrollo sostenible o sustentable y el desarrollo participativo.

5.2. Para varios defensores del ‘desarrollo humano’ queda claro que una mayor producción de bienes y servicios (crecimiento) expande las oportunidades, las capacidades y las posibilidades de elección (libertad); y el crecimiento económico y la mayor libertad contribuyen de manera importante al desarrollo humano. Pero el crecimiento económico se valora sólo en la medida en que contribuye a un mayor desarrollo humano: “Circulo virtuoso”.

5.3. Se propone que el país debería consolidar un Modelo Liberal Social y Pragmático, referido a un capitalismo moderno, incluyente y con equidad, en el que se hace necesario además retomar algunas ideas de las teorías clásicas aplicadas a la realidad y características nacionales, lo que permite pensar en la consolidación del Modelo de Desarrollo Humano.

5.4. Las fases o procesos por los que debe encaminarse dicho Modelo para ser aplicado en Guatemala, son las siguientes: a) Una política fiscal distributiva de la renta nacional, no confiscatoria ni paternalista, promotora del capitalismo moderno e incluyente; b) Correcta inversión en los factores de la producción; c) Calidad del gasto público; d) Aplicación del principio de subsidiariedad en la intervención económica del Estado; e) En el aspecto superestructural, el Modelo de Desarrollo Humano se consolida a través del fortalecimiento de las instituciones democráticas, el Estado de Derecho, el respeto y la promoción de los Derechos Fundamentales.

domingo, 25 de mayo de 2008

ESTADOS UNIDOS COMO POTENCIA MUNDIAL

Estados Unidos de Norteamérica es un país de suma importancia para la historia económica, política y jurídica del mundo, desde la consolidación del Estado moderno hasta la actual época contemporánea.

Estados Unidos nació y se consolidó como un Estado liberal a fines del siglo XVIII D.C.. Su Constitución de 1789 estableció las bases de una sociedad garantista, democrática y promotora del bienestar individual. La búsqueda de la felicidad humana quedo como una quimera planteada en la propia Declaración de Derechos del Buen Pueblo de Virginia.

A criterio del ensayista, Estados Unidos pasó por tres etapas de suma importancia, que contribuyeron a su consolidación económica y política, para ser considerado una potencia mundial y un paradigma a seguir por los demás países del hemisferio. Esas etapas son: a) los amplios procesos de migración que se suscitaron desde mediados del Siglo XIX a mediados del Siglo XX; b) la estrategia económica del “New Ideal” del Presidente Roosevelt y el impulso del “Plan Marshall” después de la terminación de la II Guerra Mundial; y c) la caída de la URSS y del bloque socialista del este europeo, lo que contribuyó al proceso de liderazgo a nivel mundial del enemigo natural e histórico del socialismo, los Estados Unidos de América.

Durante la primera etapa descrita, se puede decir que esa Nación se gestó a través de un proceso de migraciones provenientes de la Europa central y del sur, cuyos ciudadanos anhelaban prosperidad, obtención de riqueza (sobre todo ante la abundante tierra y recursos naturales que existía en Norte América) y libertad, lo que propició un caldo de cultivo para la formación democrática de ese país, tal y como lo describe Alexis de Toqueville en su excelsa obra “La Democracia en América” .

El proceso de migraciones coadyuvó con el crecimiento económico de Estados Unidos. La migración fue uno de los factores más determinantes del progreso norteamericano desde mediados del Siglo XIX hasta mediados del Siglo XX, lapso en el cual se trasladaron alrededor de 40 millones de personas, constituyéndose en el mayor flujo migratorio de la historia mundial. Los principales alcances de este ciclo “pueden apreciarse directamente en el refuerzo dado a la incipiente expansión económica de la nueva nación y al crecimiento de las grandes ciudades, lo cual aunado al surgimiento de una nueva demanda contribuyó al perfeccionamiento del mercado masivo” .

La segunda etapa de impulso económico estadounidense, puede desprenderse de la estrategia económica de Delano Roosevelt para salir de la crisis mundial de 1929 y el aprovechamiento de las empresas estadounidenses de los beneficios conseguidos con el Plan Marshall, después de la culminación de la II Guerra Mundial.

El Presidente Roosevelt imprimió un alto grado de confianza al electorado y a la sociedad en general. Su estrategia de jalonamiento económico –con intervención estatal- fue el “New Ideal”, ideología inmortalizada por Roosevelt. Este Presidente invirtió grandes cantidades de dinero en infraestructura con el propósito de generar empleo y utilizar la construcción como sector impulsor de la economía y de la sociedad en general .

Con la II Guerra Mundial, los estadounidense aprovecharon sus recursos humanos y de capital disponibles, haciendo de la industria bélica en sus diferentes procesos un foco de empleo y progreso para gran parte del país, no obstante que Estados Unidos participara al final de la guerra, ante la amenaza nazi y el bombardeo de su base naval de Pearl Harbor por los japoneses.

Los norteamericanos durante esa época aprovechó su enorme capacidad técnica de producción y se dedicaron a exportar productos y bienes de capital (automóviles, maquinaria, tecnología, entre otros) demandados en los mercados europeos.

Al terminar la guerra, Estados Unidos impulsó el Plan Marshall en la economía de post conflicto. Este plan canalizó ayudas por cerca de 13 billones de dólares hacia Europa, pero los EEUU también se vieron ampliamente beneficiados con este flujo de ayuda, pues gracias a la apertura permanente de los mercados y la demanda europeos, obtuvo un superávit en la balanza comercial por valor de alrededor de12.5 billones de dólares.

La tercera etapa -a criterio del autor- como proceso de consolidación de Estados Unidos como potencia mundial, deviene a partir de la disolución de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas –URSS-. Esto convirtió a ese país en el nuevo líder del nuevo orden mundial merced de su hegemonía económica, su capacidad bélica y el control de las instituciones supranacionales (Consejo de Seguridad de la ONU, la OTAN, los Tratados de Libre Comercio, el Banco Mundial, el BID, etc.).

Su fiel estrategia ha sido el impulso de la industria bélica, ahora enfatizada en la lucha internacional contra el terrorismo y el narcotráfico (en otrora fue la lucha contrainsurgente), lo que lo ha llevado a intervenir drásticamente en ciertos escenarios convulsivos: Irak, Afganistán, conflicto Israel-Palestina, Irán, Corea del Norte, Colombia, Cuba, Venezuela, entre otros; imponiendo de esta forma su modelo económico, político pero también socio-cultural, lo que constituye el proceso último de su arquetipo imperial.